Visita invernal a la laguna del Rey

Difusión del conocimiento - Jornadas interpretación Lagunas de Ruidera 2013

El lunes 7 de enero, aprovechando que era fiesta, realizamos una visita a la laguna del Rey, una de las más grandes del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera. Las previsiones meteorológicas eran buenas y la laguna nos recibió con un día soleado y frío. Esta situación y la época del año en la que estamos nos animaban a ser optimistas para esta jornada.

Esperábamos encontrarnos la laguna con el agua mezclada, fría y bastante visibilidad, y fue exactamente lo que  encontramos.

Vista de la laguna del Rey

La Laguna del Rey es la única laguna de este parque natural que pertenece al ayuntamiento de Ruidera, tiene un perímetro de más de 2,5 km y una superficie de 38 hectáreas. Su profundidad máxima son 20 metros y la media casi 10 metros, lo que indica claramente que se trata de una laguna con una profundidad relativa alta para este tipo de humedales. Si la calidad del agua es buena, la forma de artesa de esta laguna asegura que la inmersión tendrá mas profundidad media que otras del Parque.

La laguna del Rey recibe aguas desde el aliviadero de la laguna Colgada y mediante algunas surgencias que se pueden observar en su mitad meridional. Sus márgenes están muy impactados porque casi la totalidad de su perímetro soporta construcciones, carreteras, pistas y puentes. Además, al ser la primera laguna que se encuentran los visitantes, es una de las que más personas recibe.

Ortofotografía con batimetría aproximada

No obstante, mantiene una buena calidad de aguas y las praderas de carofíceas llegan hasta los 15 metros, indicando que a esa profundidad hay suficiente luz y oxígeno para vivir. Al existir masas de vegetación se desarrolla vida en la estructura que generan, dejando los últimos 5 metros para la vida bentónica que vive sobre los limos.

Praderas de carofíceas a 3 metros de profundidad

En la zona más profunda, donde ya no llega luz suficiente para que crezcan vegetales superiores, los procesos biológicos que dominan son los de descomposición, por lo que lo normal es no observar más que invertebrados o artrópodos (gusanos, larvas de dípteros, cangrejos americanos, etc.) especializados en la descomposición y, como mucho, grandes ciprínidos (barbos y carpas) hozando en sus fondos en busca de los primeros.

Marcas

Aunque esta zona pueda parecer una zona yerma, también pudimos observar de forma indirecta las demás especies que pueblan la laguna ya que en ella se ven excrementos, plumas o las marcas que dejan los peces en el fondo.

Marcas dejadas por la aleta caudal de un ciprínido, posiblemente una carpa, al hozar por el fondo en busca de invertebrados.

Paseando por esta zona nos encontramos que los fondos estaban cubiertos por un manto tomentoso de color verde amarillento. Se trata de diatomeas, vegetales que pertenecen al grupo de las algas pardas y que se caracterizan por tener un esqueleto calcáreo y duro.

Pradera de diatomeas salpicada sobre fondos con hozadas de carpa

Si se observan con un microscopio o una lupa binocular potente son muy bonitas.

Diatomeas observadas mediante microscopio óptico

Observando con detalle y aleteando con cuidado pudimos encontrar las hidracarinas, un tipo de ácaros acuáticos cuya principal singularidad (aparte de poder observarlos a 18 metros de profundidad) es la de ser parásitos de los dípteros. Siendo, junto con algunos peces, los principales elementos del ecosistema que controlan las poblaciones de estos animales.

Fuimos subiendo poco a poco hacia las carofíceas, y según íbamos llegando a los 15 metros la frecuencia con la que se observan las pisadas de los cangrejos nos indicaba la presencia de sus escondites, las charas. Efectivamente, al poco tiempo pudimos ver las primeras. Aunque éstas mantenían un aspecto poco lustroso debido a la falta de luz que hay a esas profundidades y donde sólo una especie de chara, Chara hispida var. Mayor, es capaz de sobrevivir.

A 15 metros se empezaron a ver las primeras carofíceas

Desde esta cota hasta la lámina de agua la pradera era simplemente espectacular, aportando unos paisajes muy bonitos, especialmente con el sol radiante que teníamos.

Pradera de carofíceas a 10 metros de profundidad

Para finalizar la visita dedicamos un rato en una zona de rocas en las que pudimos observar tres de las cuatro especies de náyades que hay en el parque: Potomida littoralis, Unio delphinus y Unio tumidiformis. Aunque sabemos que en esta zona hay una buena población de ellas, su número fue escaso dado que cuando hay condiciones invernales se entierran en el fondo a la espera de que mejoren. Lo mismo hacen los peces, los cuales no aparecen hasta que el agua no supera los 9ºC, hecho que no ocurrirá hasta dentro de tres o cuatro meses. Aunque estaba a 8ºC, aún tiene que bajar un par de grados más ya que la temperatura de las lagunas siempre va con retraso respecto al clima en el aire. Seguro que cuando volvamos en febrero estará varios grados más fría.

Pilar y Víctor bajo el agua

Sin más terminamos la inmersión que duró algo más de una hora y viendo que el tiempo se estaba estropeando muy deprisa decidimos dar por finalizada la jornada, recogimos el material, nos cambiamos y nos comimos un bocadillo de tortilla al calor de la chimenea mientras disfrutábamos de las vistas de la laguna.

Ya estamos deseando volver para ver como evolucionará el Parque este mes de enero.

Atentamente,
Gemosclera. Asociación para la Difusión del Conocimiento de los Humedales y su Conservación.