Tercera jornada de trabajos para el estudio monográfico del Tobar (Beteta, Cuenca)

Campañas - Estudio monográfico Laguna Grande de El Tobar

El sábado 21 de marzo realizamos la tercera jornada de trabajos en la Laguna Grande del Tobar, como parte del proyecto de estudio que estamos llevando a cabo en esta laguna tan singular, ya que se trata de un excepcional sistema lacustre con aguas permanentes y un origen complejo.

Entrada del manantial en la laguna del Tobar

En mayo de 2014 Gemosclera realizó un proyecto de documentación gráfica de los fondos de la Laguna Grande del Tobar (Beteta, Cuenca), para el grupo de investigación Geohumedal. Durante el mismo se determinó que el supuesto replanamiento de travertino observado hace años, se trataba de estratos de turba que pudieron ser observados en varias zonas de la laguna y a diferentes profundidades. También se pudo detectar un incremento significativo de algas filamentosas, la desaparición de las carofíceas y de las pteridofitas (helechos) en los lugares donde habían sido halladas por diferentes autores.

Laguna del Tobar

Por ello, se propuso dar continuidad al proyecto, de tal manera que se pueda mejorar la calidad de la información aportada hasta este momento, con el objetivo de difundir este conocimiento. En colaboración con Geohumedal, grupo de investigación de la Universidad Autónoma de Madrid, codirigido por Juan A. González y Concepción Fidalgo, se han realizado ya varios muestreos. En las jornadas anteriores se realizaron muestreos de agua, sedimento y turba, se tomaron referencias GPS de los puntos de muestreo y se tomó material gráfico sobre los estratos de turba, los replanamientos de travertino así como de los trabajos de muestreo.

Imagen de la laguna

El sábado 21 de marzo planificamos otra jornada de trabajo con el objetivo de reconocer los replanamientos de turba situados en el tercio superior del margen izquierdo y observados en ocasiones anteriores. Así como continuar con los muestreos de turba, agua y sedimento en esta zona de la laguna, georeferenciando tanto los replanamientos y golpes de turba como todas las muestras.

Las previsiones de tiempo no eran buenas pero decidimos aprovechar la ocasión, ya que un grupo formado por seis buceadores y dos responsables de superficie podía obtener bastantes resultados. Mientras preparábamos los equipos de buceo y el material de muestreo, fotografía y geolocalización, ultimamos los detalles de los trabajos que habíamos planificado las semanas previas.

Preparando los equipos

En esta ocasión se hizo un especial hincapié en el protocolo interno que seguimos para prevenir la traslación de especies exóticas invasoras, ya que en nuestra anterior actividad habíamos buceado en una zona con alta presencia de especies invasoras (Corbícula), comprobándose y desinfectando todo el material utilizado en el río Charente.

Preparando equipos en la lona de cambio para evitar impactos

Una vez preparado el numeroso material que necesitamos en este tipo de jornadas, y tal como se había planificado, se organizaron dos grupos de buceadores, formado cada uno por tres personas que se repartían las tareas de recogida de muestras, toma de datos, realización de fotografías y vídeos y geolocalización. Se sincronizaron todos los aparatos y, tal como se había previsto, cada grupo, partiendo del mismo punto de entrada, situado en una postura que hay en la parte septentrional del margen izquierdo a 200 metros de la surgencia principal, se dirigió hacía la zona que debía estudiar.

Buceador ajustando la cámara antes de sumergirse

Grupo entrando al agua, en primer término la cesta de muestreo y la plataforma del GPS

En esta ocasión, contábamos además con algo bastante importante y que se agradece, dos personas en superficie, siguiendo la inmersión y aportando más seguridad.

Entrando al agua bajo la atenta mirada del jefe de superficie

Algo imprescindible en este tipo de estudios y en lo que ponemos bastante empeño es en la geolocalización de datos y en esta ocasión contábamos con dos equipos, uno por cada grupo de buceo. Se situaron dos receptores GPS en superficie, situados en un sistema de flotación, que iban ser desplazados por un buceador responsable de la geolocalización y que debía seguir en todo momento al buceador encargado de la toma de fotografías, asegurándose de que el cabo guía del GPS estuviese vertical y de que el margen de error fuese menor de la mitad de la precisión marcada por el GPS antes de entrar al agua, donde se había sincronizado con cámaras y ordenadores de buceo.

Buceador que lleva el carrete que une con el GPS que está en superficie

El primer grupo de buceadores localizó y documentó el replanamiento de turba situado entre 2 y 5 metros de profundidad en el margen izquierdo, desde el punto de entrada hasta la surgencia. Georeferenciaron con GPS la turba existente, tomando datos, detallando las características principales y recogiendo muestras de turba y sedimento en cuatro puntos elegidos.

Buceador encargado del material de muestreo con la cesta de tubos y botes

Se documentaron los estratos de turba en todos los puntos reseñables (cota, inicio, final, cortes, cambios bruscos de sección, forma, textura o color), midiendo todas las dimensiones (altura total, altura terraza, profundidad total replanamiento, profundidad y pendiente de la terraza).

Turba situada a 3 metros de profundidad

Muestreando turba

Realizando además fotografías con el objetivo de recoger la realización del muestreo y de acumular datos que ayudasen a la georeferenciación de las muestras recogidas.

Recogida la muestra se fotografía el bote numerado

El segundo grupo de buceadores partió del mismo sitio, tomando la línea de máxima pendiente hasta la cota de -10 metros para volver en sentido contrario hasta dar con el talud, pudiendo apreciar claramente la termoclina situada a 8 metros de profundidad. A partir de ese momento siguieron el margen subiendo y bajando sucesivamente comprobándolo entre los 10 y los 5 metros. Este grupo detectó un golpe de turba de 60 cm de potencia a 7 metros de profundidad que deberá ser estudiado en futuras ocasiones. Este grupo recogió muestras de turba y sedimento en 3 puntos que también fueron geolocalizados. Además se encontraron algunos restos con origen antrópico, como algunas rocas y algún madero.

Golpe de turba

Replanamiento de turba de más de 30 cm de potencia

Madero con origen antrópico

Tal como venimos observando se está produciendo un incremento de algas filamentoas en esta laguna.

Fondo de algas filamentosas

Una vez en la entrada del manantial tomaron muestras de agua que, al igual que las de turba y sedimento, ya se están analizando en la Universidad Autónoma de Madrid.

Recogiendo una muestra de agua

Entrada del manantial en la laguna

Imagen de la entrada del agua del manantial

Tras pasar un rato disfrutando de la visión de la entrada de la surgencia en la laguna y sobre todo teniendo en cuenta la hora de inmersión acumulada en una laguna que rondaba los 7º de temperatura media, decidimos salir por el mismo sitio donde habíamos entrado. Una vez recogido el material y viendo que la lluvia arreciaba decidimos hacer el trabajo de gabinete en uno de los bares de Beteta mientras comíamos algo. Trabajo de gabinete que ya continúa al llegar a casa y que enlaza con el de preparación de la siguiente jornada de trabajo en esta laguna.

Laguna del Tobar bajo la lluvia

Atentamente,

® Gemosclera. Asociación para la Difusión del Conocimiento de los Humedales y su Conservación