Disfrutando del buceo bajo el hielo en el Ibón de Baños de Panticosa (Hu)

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Todos los años que podemos, en el mes de febrero, nos acercamos al ibón de Baños de Panticosa para disfrutar, en invierno, de este precioso entorno montañoso, un sitio donde nos relajamos de las obligaciones que nos impone la asociación en los demás sitios en los que trabajamos.

Vista del ibón de Baños de Panticosa

Durante esos días aprovechamos para bucear bajo el hielo tranquilamente y disfrutar del ambiente que reina en el refugio de la Federación Aragonesa de Montaña, "Casa de Piedra", albergue en el que nos tratan de maravilla y al que agradecemos su paciencia.

Este año decidimos subir a Panticosa el fin de semana del 19 al 21 de febrero ya que se organizaba en Madrid una feria de buceo y no habría muchos buceadores en el ibón. Esto nos perimitía integrarnos en el medio y tener una mayor seguridad de las actividades en la banquisa.

El fin de semana nos ha ofrecido una climatología espectacular, con tres días de pleno sol y temperaturas muy agradables durante el día. Siendo considerablemente más frescas por las noches, especialmente el viernes, aunque no han llegado a ser las de otros años, en los que bajó ostensiblemente de los 15 grados bajo cero.

Vista del ibón de Baños de Panticosa congelado en un día soleado

Llegamos al refugio el viernes por la noche sin contratiempos. El sábado desayunamos temprano y fuimos a evaluar el estado del hielo, decidiendo entrar por la escalera que hay en el margen oriental ya que la banquisa era muy delgada y no iba a soportar nuestro peso.

Mientras esperábamos a que llegase de Zaragoza nuestro amigo y colaborador Fabrice Daga, hicimos tiempo en el refugio montando las cámaras y preparando el equipo. Al volver a bajar de nuevo al ibón observamos que en el lugar que habíamos elegido había dos buceadores leridanos preparando sus equipos, Lluis Vidal y Genaro Massot. Iban a ser el encuentro del fin de semana ya que con ellos hemos compatimos nuestras inmersiones de la mañana del sábado y del domingo.

Lluis (izquierda), Daniel y Genaro (derecha)

Una vez que tuvieron preparados sus equipos, ayudamos a Lluis y a Genaro a que realizasen su primera inmersión mientras nosotros preparábamos los nuestros. La jornada del sábado realizamos tres inmersiones en las que nos dedicamos a visitar el margen izquierdo del ibón, realizando dos inmersiones con ellos por la mañana y una por la tarde ya sin ellos.

Lluis y Genaro antes de sumergirse

Las inmersiones desde ese punto se suelen hacer cuando el ibón no tiene una banquisa lo suficientemente fuerte como  para permitir proyectar sobre ella y hacer un agujero. Por lo demás, su itinerario sigue el margen izquierdo, el más habitual para los buceadores y caracterizado por presentar en los primeros metros unos fondos pelados y con algunos golpes de algas filamentosas. Ambos elementos son indicadores del efecto negativo que tiene el vertido de aguas del complejo hotelero.

La banquisa puede no sujetar a una persona, pero sí que puede impedir salir desde debajo del agua.

Algas filamentosas bajo la escalera.

Golpes de algas filamentosas nada más entrar.

Pasados unos  metros se puede observar como las algas carofíceas tapizan el talud hasta los 10 metros de profundidad. Según nuestras impresiones cada año profundizan más y, a pesar de la contaminación evidente, estas últimas visitas hemos pordido observar como van desapareciendo las filamentosas de las carofíceas. Esto, junto con la mayor cota a la que se pueden observar ahora, indican que el ibón podría estar en mejores condiciones, especialmente con un año tan cálido como éste.

Detalle de las carofíceas del fondo

Las carofíceas no pueden crecer cuando falta la luz. Detalle de su límite inferior.

Otro hecho que destaca es la propia morfología del talud, con dos planos diferentes, que indican que el ibón ha sido muy modificado por la mano del hombre; mostrando las diferentes fases de contrucción de la carretera de acceso al balneario. Este hecho se observa muy bien en la base de los blanquizales que provoca la salida de aguas de las surgencias.

Detalle de los cambios de pendiente en el talud justo antes de entrar en una surgencia.

En este margen izquierdo los elementos estrella a observar son las surgencias que aparecen al final de la inmersión. Se trata de tres hoyos de grandes dimensiones que se pueden encontrar sobre los 5 o 6 metros de profundidad. El más grande tiene unos 3 metros de diámetro por 4 de profundidad.

Un buceador entrando en una de las surgencias del margen derecho

Fabrice Daga guiando una de las inmersiones.

El domingo realizamos dos inmersiones desde el otro margen buscando mayor tranquilidad, puesto que el lugar del día anterior había sido un hervidero de gente que no nos permitió disfrutar tranquilos. Por ello elegimos un punto de acceso más escondido y en el que únicamente los esquiadores se paraban a ver como preparábamos los equipos.

Nos fuimos preparando tranquilamente mientras esperábamos a nuestros compañeros catalanes. Así, una vez que los vimos llegar, nos acercamos a invitarles a compartir la mañana con nosotros, pudiendo disfrutar de su compañía de nuevo.

Las inmersiones del domingo fueron un poco más ajetreadas de lo normal. Antes de entrar observamos que una segunda etapa tenía un problema con una tórica, pequeño problema que reparamos sin mucho retraso. No obstante, al entrar al agua, un regulador falló nada más tocar el agua y se puso en flujo, congelando la grifería y vaciando la botella.

Una vez recompuesta la pareja de buceo, nos fuimos por el margen derecho observando el talud en el que, aunque artificial también, no se observa más que un plano. En este caso, la vegetación penetra hasta el fondo y se aprovecha de su exposición de solana, generando mayor biomasa en la pradera de carofíceas. Hecho que también se apreciaba en el grosor de la banquisa, mucho más delgada en este margen del ibón.

Pilar posando sobre las carofíceas

Tras esta primera inmersión nos dedicamos a ayudar a Lluis y a Genaro para que ellos buceasen mientras nosotros recomponíamos un equipo para realizar la segunda inmersión. Al salir estos del agua, nosotros empezamos nuesstra segunda inmersión de la jornada y última de este año en Panticosa. Dedicándonos a visitar el margen oriental del ibón, uno de los más afectados, ya que el talud que hay bajo el paseo es totalmente artificial.

Víctor observando los milhojas en el talud.

En el mismo se pueden observar lo emisarios que tiene el complejo hotelero, una estatua sumergida en recuerdo de un buzo y lo que es mejor, alguna pequeñas surgencias que no habíamos observado en otras visitas de años anteriores.

Sugencias de menor caudal

Después de salir y recoger los equipos, nos tomamos con ellos una cerveza mientas nosotros comíamos antes de  volver a Madrid. Esperamos poder hacer algo con ellos cuando subamos a su tierra, Lérida, zona de España a la que subimos con cierta regularidad. Ha sido un gusto conocerlos.

No podemos cerrar esta crónica sin despedirnos de Nano y sus compañeros del refugio Casa de Piedra, año tras año nos tratan de forma excepcional ayudándonos lo mejor que pueden y soportando estoicamente nuestros retrasos. Desde aquí les agradecemos la paciencia y trato que nos brindan.

Por nuestra parte, nos despedimos de los Pirineos aragonses hasta el año que viene, puesto que este año no tenemos planificada ninguna actividad más en esta zona de España.

Atentamente,
® Gemosclera. Asociación para la Difusión del Conocimiento de los Humedales y su Conservación